Charlando con Nacho, amigo, ex-compañero y emprendedor, me comentaba que está cansado de trabajar, participar y lanzar proyectos que no le satisfacían lo más mínimo. Le recordé que en su trayectoria había logrado algunos éxitos profesionales que merecían cierta consideración. Me confesó que una vez lanzados al mercado, aquellos proyectos en los que se había implicado con todas sus energías, no despertaban el mismo interés para él y que muchos los dejaba morir.

Buscando equivalencias simples, le pregunté si su hija de 12 años ya no le interesaba como cuando tenía 4 años. Me dijo con rotundidad: no es lo mismo Xavi, ella me apasiona!.

Reflexionando sobre la charla, creo que muchos consideran que en todo proyecto que inician, tanto en la vida personal como en la profesional, el éxito es su objetivo. Creo que el éxito debe ser el medio para alcanzar la felicidad y satisfacción en todos los ámbitos.

Si pensamos en el éxito como un fin, la estrategia a seguir para alcanzarlo sería un proceso lineal. Las etapas que lo componen se suceden y terminan una vez comienza la siguiente. El proceso finalizaría con la obtención del resultado esperado. Una vez alcanzado deja de ser protagonista y ya no cubre nuestra necesidad de ser felices. Acumular éxitos puede llenar temporalmente nuestro vacío pero seguiremos siendo infelices.

Un hijo (y llámale hijo a cualquier proyecto) debemos educarlo, ayudarlo, reorientarlo y disfrutarlo durante toda su vida (o la tuya). Aunque alcance la madurez, deberías estar allí para ayudarle y disfrutar de sus logros y éxitos. Este debe ser nuestro objetivo.

Imagen1Pero si a medida que nos acercamos al objetivo deseado, vamos perdiendo la pasión, dejamos de trabajar con tenacidad, no dirigimos nuestros esfuerzos en pro de encontrar ideas que nos devuelvan la pasión, que nos hagan trabajar en ellas, y así sucesivamente… el éxito desaparece.

Recuerda, tan sólo es mi opinión.